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La paternidad de Dios le da a los creyentes su verdadera identidad:
El encuentro con Dios nos es solamente un encuentro con el Creador, o con el Salvador y Señor, es un encuentro con nuestro Padre Celestial. Al encontrar a Dios como Padre Celestial encontramos nuestra identidad. Es la paternidad de Dios, la que nos da nuestro carácter y naturaleza espiritual.
Dios quiere revelarnos Su paternidad para que tengamos Su identidad. Fuera de la paternidad de Dios, somos simples criaturas – hechura de Dios. Pero la paternidad de Dios, nos introduce a la familia celestial. Nos da un nombre y una identidad espiritual(mis padres terrenales me dieron un nombre y apellidos, esa es mi identidad terrenal, una cédula); un lugar y una posición en la familia de Dios(soy la cuarta, la menor y más linda de las mujeres, jaja, pertenezco a la Familia Cartín Estrada), como hijos y herederos de él. Como creyentes tenemos la bendición de un parentesco íntimo con el Dios vivocreador del universo.
E El propósito de Dios para el hombre está ligado a Su paternidad
Ese es el propósito de Dios al ser crearnos, que pudiéramos conocerle como un Padre. Desde antes de la fundación del mundo, Dios había previsto el adoptarnos como sus hijos. Nos creó para proveerse de una familia. Así como un padre se prepara cuando va a llegar un nuevo bebé a su hogar; así preparó Dios desde antes de la fundación del mundo el medio por el cual podríamos acercarnos a Él.
3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”.
Efesios 1:3-5
A lo largo de toda la Escritura vemos que el pacto de Dios siempre fue: “Y Yo les seré a ellos por Padre y ellos me serán por hijos” (2 Corintios 6:18); el gran Pacto de Dios con el hombre consiste en que Él será nuestro Padre y nosotros Sus hijos.
¿Qué significa la palabra Padre en el Nuevo Testamento?
Pater:
“Padre” se traduce del griego “Pater” (Strong 3962) que significa: Nutridor, protector y sustentador. Esta palabra se utiliza de Dios en relación con aquellos que han nacido de nuevo en virtud de su fe en Cristo (Juan 1:12-13). Se utiliza para aquellos que han sido adoptados con hijos por Dios Padre, por medio de Jesucristo. Para sus hijos Dios – el Padre Celestial – es un padre nutridor, protector, proveedor, cuidador y sustentador.
Abba:
«Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar»
Mateo. 11:27.
Jesús usa más de cien veces esta palabra en el N.T. Abba era la palabra familiar que los niños judíos empleaban para dirigirse a sus padres. Más o menos corresponde al «papito» castellano. Jesús se dirige a Dios como un niño a su padre. Esta palabra comporta familiaridad y confianza. Una relación de mucha cercanía e intimidad personal. Y esa es la invitación que Dios nos hace en Cristo, que nos acerquemos con familiaridad a Su presencia, y que desarrollemos una relación filial muy estrecha.
Dios es un Padre cercano, amoroso, familiar y personal. Ese es el Padre que Jesús quiere revelarnos y darnos a conocer. Muchos creyentes no conocen plenamente quien es el Padre Celestial. Tienen mapas e información distorsionada de quién y cómo es Dios, sobre todo en el rol de Padre.
3) Imagen distorsionada de la paternidad de Dios
Algunos conciben a Dios como un padre lejano que habita arriba en los cielos, o como un viejito gruñón que nos disciplina, o como un juez duro que juzga nuestros pecados. Pero, fundamentalmente, Dios es nuestro padre amoroso y bondadoso, y muy cercano a nosotros.
4) El problema de la imagen distorsionada de Dios nace desde dos fuentes:
a. La religión del hombre (juez, con mucha formalidad)
La religión nos ha mostrado un Dios al estilo como lo entendían los fariseos. Un Dios distante y alejado de la vida de sus hijos. Un Dios religioso poco involucrado con la trama de vida de sus hijos. Un juez que juzga con dureza y firmeza la actuación de los hombres. Pero esas ideas con construcciones y mapas desarrollados por la religión humana, que no hacen justicia a la revelación de la paternidad de Dios Su palabra.
b. La experiencia familiar
Para que un niño pueda comprender lo que significa la palabra “padre”, Dios le ha dado un padre terrenal. El padre terrenal es el sustituto temporal de Dios, el modelo físico de Dios. De ahí el énfasis en la Biblia de honrar a nuestros padres (incluida la madre). Si nuestros padres fueran perfectos, serían un fiel reflejo de nuestro Padre Celestial.
Lo cierto es que formamos una identidad como persona muy asociada a nuestro contexto familiar y al tipo de relación que experimentamos en nuestros hogares de origen. Esas experiencias y aprendizajes, en buena medida, han determinado las personas que somos hoy. Esto configura una identidad.
Desde niños desarrollamos características que se convierten en nuestra identidad. Eso es en lo natural. Pero Dios nos otorga junto con su paternidad, una nueva identidad; una identidad espiritual, superior a nuestra identidad terrenal. Pero los creyentes necesitan asumir, apropiarse y vivir en la identidad que tenemos en nuestro Padre Celestial. Somos hijos del Rey de Reyes y Señor de Señores. Somos hijos del creador del universo. Pero sobre todo somos hijos de nuestro Padre Celestial, que nos ama incondicionalmente.Necesitamos vivir en esa realidad espiritual.
Dios creó a la familia como un medio de protección y bendición para cada ser humano, pero el enemigo ha tratado de diferentes maneras de destruirla para distorsionar el camino de las personas, desde su niñez, y ha introducido el divorcio, la violencia doméstica, la irresponsabilidad y el abandono del hogar, entre otros males que acosan a la familia.
Puede que aquí haya hijos e hijas que cargan con un profundo dolor a causa de las heridas causadas por el maltrato, rechazo y abandono sufrido por sus padres. Y luego les cuesta reconocer y experimentar la paternidad perfecta de Dios.
· ¿Cuántos hijos hay que sus madres quisieron abortarles?
· ¿Cuántos hijos hay que sus padres le abandonaron o le expresaron rechazo?
· ¿Cuántos hijos hay que experimentaron violencia y agresiones de sus padres?
· ¿Cuántas mujeres hay que aún siendo niñas fueron violadas por sus padres?
- ¿Cuántos hijos hay cuyos padres fueron irresponsables, y no les proveyeron para sus necesidades?
Pero si estás aquí es señal de que el enemigo no ha podido destruirte. Estas aquí porque Dios tiene un propósito contigo y tú tienes un destino ligado a Dios. Las mejores cosas para tu vida están por venir, de la mano de tu Padre Celestial.
La experiencia negativa de muchos hijos con sus padres terrenales, es un obstáculo para conocer a Dios como Padre
Mucha de nuestra relación con Dios, la filtramos a través de nuestras experiencias con nuestros padres terrenales. Las experiencias negativas y las heridas emocionales de la niñez pueden impedirnos concebir a Dios como Padre, por la referencia distorsionada que podamos tener, a causa de modelos introyectados, producto de experiencias y aprendizajes negativos con nuestros padres.
Definitivamente es vital e indispensable para el ser humano la experiencia de contar con un padre, y poder sentirse hijo (a), y crecer en un contexto nutridor, que provea cuidado, seguridad, protección y amor. Ese era el propósito de Dios al crear la familia. Cuando ese propósito falla y no se alcanza en una familia específica, los hijos de ese hogar son profundamente afectados, y crecen con muchas carencias, que se manifiestan en inseguridad, baja autoestima, desconfianza, explosividad o inexpresividad emocional, falta de arraigo y sentido de pertenencia, dificultad para expresar (dar y recibir) amor, etc. (estoy hablando en sentido general), y que luego afectan la forma como se relacionan con otras personas: cónyuges, hijos, jefes, pastores.
He visto personas y aun creyentes con ese historial de vida, generando enganches y apegos con figuras de autoridad. En ocasiones les cuesta reconocer figuras de autoridad, y en ocasiones actúan con excesiva sumisión ante éstas. En el terreno de las relaciones, pueden ver a sus jefes en cierta medida como una especie de padres. Muchas veces, cuando se casan, inconscientemente, buscan una mamá o un papá. Hay creyentes que no tuvieron la experiencia de tener un padre responsable, protector y amoroso; y peor aún que el padre no estuvo presente porque lo abandono o rechazo, pueden ver en el pastor un papá y en la pastora una mamá, pero los que caen en ese error se frustrarán fácilmente al no obtener lo que esperan de ellos. Solo Dios puede llenar ese vacío asociado a la falta de padres. Sólo Dios puede ministrar a las necesidades del alma, derivadas de la ausencia paternal, solo Dios puede tratar la orfandad que produce la ausencia de la figura paterna. Salmos 27:10: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá.”
Todas estas carencias y distorsiones pueden convertirse en un obstáculo en el proceso de conocer a Dios como Padre. Hay dos ejemplos en el Nuevo Testamento, Parábola del hijo pródigo (Lucas 15:11-32) en la que tipifican a muchos creyentes que no han aprendido a conocer a Dios como Padre.
En la parábola del hijo pródigo vemos dos modelos de hijo que no han aprendido a conocer el corazón de su padre.
El hijo prodigo (el hijo menor):
· Dios nos ama tanto que respeta nuestro libre albedrio. No quiere que le obedezcamos como si fuéramos robots. Quiere que elijamos libremente amarle. Este hijo no andaba en comunión y obediencia a su padre, que representa a Dios es esta parábola (Lucas 15:11-13). Finalmente tuvo que pasar por la dura disciplina. Hebreos 12:6: “Porque el Señor al que ama castiga, Y azota á cualquiera que recibe por hijo”.
· Conocía de la generosidad de su padre, quien simboliza a Dios, pero desconocía que el amor de su padre era incondicional (Lucas 15:17-19). Pero su padre lo sorprendió, superando sus expectativas. El esperaba ser tratado como un jornalero. Pero su padre que lo amaba incondicionalmente y no por sus méritos, como Dios el Padre nos ama a nosotros sus hijos, supero sus expectativas (Lucas 15: 20-24), al restituirlo nuevamente a la posición de hijo.
El hijo mayor:
· Ocupaba una posición nominal, sin entrar al disfrute de la relación padre-hijo (Lucas 15:25-31). Desconocía la generosidad de su padre. Vivía como un extraño en casa de su padre. Constantemente buscaba demostrar que valía, pensando que debía ganarse el amor de su padre.
· El hijo mayor pensaba que tenía que realizar alguna buena conducta o acción, para recibir el amor de su padre. Si un hijo necesita demostrar que vale, queda con la inseguridad de si lo aman y aceptan o no. Si su actuación decae en algún momento pueden preguntarse una y otra vez: “¿Me aman por lo que soy o solamente por lo que hago?”
No necesitamos ganarnos el amor de Dios, ya él nos ama incondicionalmente, por lo que somos en Cristo Jesús: sus hijos. El Padre le estaba diciendo al hijo mayor, que todo lo que es de Él, también pertenece como hijo.
No tienes por qué tener carencia de nada, porque tu Papá – El Padre Celestial – lo tiene todo. ¿Sabes por qué a veces no disfrutamos de todo lo que nos corresponde? ¡Porque nos sentimos bastardos!, ilegítimos, porque desconocemos quien es realmente Dios como Padre. Porque no pedimos con confianza y fe en quien es nuestro Padre Celestial… continúa
