Devocional | Cuando el corazón se vuelve huerto

Texto base: “Mi amado descendió a su huerto…” Cantares 6:2.

Hay momentos en la vida espiritual en los que Dios no nos habla con prisa, sino con procesos.

-No nos confronta con ruido, sino con silencio.

-No nos transforma de golpe, sino como se transforma un jardín.

-El corazón humano es un huerto. Y como todo huerto, necesita ser trabajado.

Reflexión

Cuando comenzamos a limpiar un jardín, lo primero que notamos es que no todo lo que crece da vida. Hay maleza que ahoga, piedras que endurecen la tierra, insectos que viven ocultos bajo la superficie.

Así también ocurre en nuestra vida interior.

Dios, como Jardinero amoroso, entra con paciencia:

Arranca lo que nunca debió crecer. Poda lo que dio fruto, pero ya cumplió su tiempo. Levanta piedras que escondían heridas. Deja al descubierto aquello que solo sobrevivía en la oscuridad.

-Nada de esto es castigo.

-Todo es amor en acción.

-Tiempo de esperar

Después de arrancar y podar, el jardín queda silencioso.

A veces vacío.

Y ese es el momento más difícil: esperar.

Esperar no es pasividad; es confianza.

Es resistir la tentación de llenar el espacio con ruido, prisa o sustitutos.

Dios trabaja profundamente cuando parece que no está pasando nada.

Regar lo invisible:

Mientras esperamos, el jardín necesita ser regado.

Regamos el corazón cuando:

leemos la Palabra sin apuro, oramos sin exigir respuestas, permanecemos fieles aun sin sentir nada

El riego diario sostiene la vida que aún no vemos.

Florecer:

Florecer no es un logro espiritual.

Es una consecuencia.

La flor aparece cuando la raíz está sana.

Cuando el proceso ha sido honrado.

Cuando el corazón ya no busca mostrarse, sino pertenecer.

El florecimiento verdadero se reconoce por:

paz, coherencia, fruto constante y descanso interior

El clímax: la presencia

Y entonces ocurre algo santo.

“Mi amado descendió a su huerto.”

Dios no desciende a inspeccionar.

Desciende a deleitarse.

El huerto ya no es un lugar que se le ofrece…

es un lugar que le pertenece.

Cuando el corazón se vuelve huerto,

Dios deja de ser visitante

y vuelve a ser morador.

Oración

Señor, haz de mi corazón un huerto para Ti.

Arranca lo que no es vida,

poda lo que ya cumplió su tiempo,

enséñame a esperar sin huir

y a regar aun cuando no vea fruto.

Que mi vida sea un lugar

donde Tú puedas descender

y descansar.

Amén.

Dios te bendiga! Maritza Cartin E.

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