Comenzando un nuevo día

Tengo una pequeña cafetería en el bello barrio de Aranjuez, San José.  Llego cada día tempranito y voy a buscar los periódicos del día. Con paso firme, rápido pero no tanto porque disfruto ese pequeño mandadito, siento el sol en mi cuerpo, tibio, agradable.
Cada uno de mis vecinos, pequeños lugares de comida tienen su propio aroma, algunos huelen a café fuerte, otros a desayunos apetitosos, voy saludando a cada uno de aquellos que salen a mi paso y les deseo un buen día. Me acerco al puesto de lotería, donde una señora rubia, ojos chispeantes me saluda con una gran sonrisa y no más cerquita está mi amiga, Verita, la señora de los periódicos, allí sentada en un banco rústico, con su suéter rojo, su cara que refleja una vida 

dura, con surcos profundos en su frente su cabello entre un tinte medio rubio y sus canas, levanta su mirada y pone su mejilla y nos saludamos con un cariñoso beso. Por algunos minutos escucho su queja o su conformismo por la vida, le doy unas palmaditas en su espalda y le recuerdo que Dios está con ella y que nunca la dejará, la conforto, tomo los periódicos y de vuelta a iniciar un día de trabajo.

Este pequeño y quizás insignificante recorrido por aquella calle, me hace llenar mis pulmones de aire, mirar el cielo y sentirme viva y feliz de un día más de trabajo, de un día más que estreno las misericordias de nuestro Señor Jesucristo.

Hoy quiero motivarte para que cada una de las pequeñas cosas que hagas durante el día estén llenas del amor de Dios. El caminar por la calle para hacer alguna diligencia, el lavar los trastes en tú cocina, el recibir a un cliente en tú oficina, el entrar a comprar a una tienda…que la gente a tú lado pueda ver en tú rostro a Cristo. Una simple sonrisa, un toque en el hombro da confort y transmite paz. Seamos portadores de esa paz que Dios te la obsequia cada día. Bendiciones.  Maritza Cartín

ASÍ ES TU AMOR (Por Isabel de Cartín)

Cuando miro los árboles, las flores y la luz,
Yo siento tangible la presencia de Jesús.
Cuanta maravilla, cuanta belleza en tu creación.
Los cielos y los mares, los montes y los ríos,
El cielo infinito en su expansión.
Pero hay algo más hermoso que toda la
Creación junta…y eso es tu amor.
Más tierno y más dulce que todos los amores,
Así es tu amor.
Más estoico que todos los héroes juntos,
Así es tú amor
Más puro que la verdad misma,
Así es tu amor
Y perdida en la tierra, como un grano de arena,
De mi insignificancia el Señor tuvo pena
Y me dio su amor, sin preguntarme si soy
Mala o soy buena.

Isabel Estrada de Cartín

UN NUEVO ALTAR

“…y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado.” 1 Reyes 18:30
Si algo era importante en la vida religiosa de Israel era el altar.  El pueblo se acercaba a Dios por medio de sacrificios de sangre que se hacían en aquel altar.  Sin este no era posible que un pueblo pecador experimentara el amor y cuidado de Dios.

Elías sabía muy bien todo lo concerniente a este importante altar, él sabía que sin el no había comunión con su Dios. Por esa razón, Elías reedificó el altar y de esa forma invitó al pueblo a confesar sus pecados y volverse a Dios por la fe.  La Palabra de Dios jamás es indiferente con el pecado humano.
Elías edificó el altar con doce piedras. Esto significaba una unidad que debía restablecerse lo antes posible. Diez de las doce tribus se habían separado del culto en Jerusalén y ahora Elías les hace ver que todos ellos eran un solo pueblo de Dios y que debían implorar el perdón por tal división. La Palabra de Dios en el monte Carmelo volvió a reunir al pueblo de Dios con el altar.
La Palabra de Dios une a todos los creyentes en Cristo Jesús, especialmente en el pesebre y en la cruz. En estos tiempos en que se anhela tanto la unidad de las iglesias, debemos obedecer los dictados de la Palabra de Dios. Y esa Palabra nos exhorta a ver nuestros pecados y a buscar nuestra unidad en Cristo, una fe, un Señor y un bautismo. La solución del problema de las divisiones entre las iglesias está en someternos a la soberanía y autoridad de la Palabra de Dios. 

QUEDAOS QUIETOS

“Ahora voy a enviarles lo que ha prometido mi Padre; pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto.” Lucas 24:49 (Biblia Plenitud)
 
Hay momentos de actuar y momentos de esperar. A veces no se sabe cuál es cuál. Así les ocurrió a los discípulos. Después de su resurrección Jesús se les apareció de vez en cuando, confirmó su fe y les dio instrucciones sobre su futuro.
 
Si nos ponemos en los zapatos de los discípulos, comprenderíamos que estaban ansiosos y un poco nerviosos; tenían una increíble noticia que proclamar al mundo, ¡Cristo había resucitado de entre los muertos! Se imaginan lo que estos hombres podían estar conteniendo en su interior, lo que esta noticia significaba para ellos y para el mundo entero. Sentían un deseo incontrolable de empezar la obra encargada por el Maestro y recorrer el mundo, de contarle a la gente lo que había sucedido. Sin embargo, el Señor les dice que se queden en la ciudad. No están listos todavía. “quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto.”
 
¿Creen ustedes que la orden del Maestro fue fácil para aquellos hombres que se desbordaban de la emoción? Definitivamente no. Es sumamente difícil quedarse sentado cuando uno tiene una tarea importante que realizar. Uno se siente inquieto por la quietud y el espíritu se transporta hacia las cosas que hay que hacer. “Arrollémonos las mangas”, es el lema en tales ocasiones y queremos iniciar cuanto antes.
 
Sin embargo, debemos de tener paciencia, un tiempo de espera, un momento de reflexionar y de orar. Muchas veces entre más trabajamos y nos mantenemos ocupados, menos tiempo tenemos de escuchar la voz de Dios. Para trabajar para Dios tenemos que permitir tiempo para que El obre en nosotros. No solamente me refiero al trabajo en la obra, tenemos muchas ocasiones que tenemos que tomar decisiones importantes de nuestra vida cotidiana y nos lanzamos desesperados a buscar soluciones y al final fracasamos porque no tomamos un tiempo de quietud, un tiempo de oír la voz de Dios dirigiéndonos con paso firme.
 

Si sabes esperar quietamente…al igual que los discípulos recibirás poder de lo alto. El Espíritu Santo te guiará y te dará las respuestas que tú necesitas. ¡Espera en Él confiadamente!

Maritza Cartín Estrada

UN DÍA QUE TERMINA…


Quizás el momento de mayor reflexión es aquel en nuestra vida cuando se llega al final. He hablado con varias personas que después de que sus hijos crecen, se dicen así mismos: debí de haber hecho esto o debí de haber hecho aquello.  Otros cuando ya no tienen más a su esposo o su esposa, lamentan lo que no fue.  Y así es al final de una jornada de trabajo, al final de algún proyecto, o al regreso de

un largo viaje. Lo común es que al terminar el día, cuando baja el sol y el cansancio nos da testimonio de lo trabajado, reflexionamos en como lo pudimos haber hecho mejor, en otras palabras, siempre hubo espacio para hacerlo mejor.

Jesús tuvo esa tarde.  Allí, con sus discípulos, se preparaba a compartir la ultima cena, y tomo su tiempo para mirarlos uno por uno.  A uno de ellos vio que habiéndole dado todo por el, todo no fue suficiente y por unas 30 monedas lo traicionaba.  Pero quizás, su reflexión mayor vino cuando se ciño una toalla y comenzó a lavarles los pies a cada uno de ellos.

Quizás se debió de haber dicho así mismo, como les puedo explicar, como les puedo insistir en que la grandeza no se encuentra en ser el mayor.  Muchas veces lo había enseñado, lo había explicado con palabras llenas de sabiduría.  Pero al llegar la tarde todavía seguían sin entender.  Ya se acaba el tiempo, llegaba la hora del sacrificio, pero su amor todavía seguía fluyendo, se desbordaba.  Comenzó a lavarles sus pies, te imaginas, sus manos cuidando de ellos con la intensidad de un amor que lo daba todo.  Faltaban pocos minutos para que sus pies, los de Jesús, fueran atravesados por clavos de acero, pero él ahora se ocupaba de lavar con la ternura de un padre los pies de aquellos que le habían seguido. Y aun así, aun cuando no era el agua la que fluía, sino una enseñanza tan grande, ellos seguían sin entender. No entendían que era el final de una tarde.  Que ya no habría otra cena con Jesús, que eran minutos de sentimientos únicos.

Juan 13:13-15 (Nueva Versión Internacional)

13 Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy.14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros.15 Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes.


Aprovechemos bien el tiempo y comprendamos lo que el Señor hoy, no mañana, nos quiere susurrar a nuestro oído.

El día en que se oscureció la tierra (Mateo 27)

Había sido un día de conmoción en la ciudad de Jerusalén. La noche anterior habían llevado a un humilde carpintero de Nazareth ante los tribunales eclesiásticos y gubernamentales y ambas entidades dieron el fallo de «culpable». Los superiores de la sinagoga lo encontraron culpable de haberse llamado el hijo de Dios, culpable de haber quebrantado la ley de Moisés en múltiples ocasiones. Poncio Pilato, el gobernador de Roma en aquella provincia se lavo sus manos, declarando así que él no tenía que ver nada en aquella
decisión pero tampoco hizo nada para impedirla. Pero más haya de todas estas acusaciones …también era culpable de la gran conmoción que causó desde su aparición. Era culpable de:

Dar vista a los ciegos,
Hacer que los cojos caminaran,
Sanar los cuerpos mutilados de los leprosos,
Llenar el hambre física de multitudes, multiplicando el pan y los peces,
Dando vida a un muerto de tres días,
Cambiar la vida de todos aquellos que se encontraban con él, un Saqueo, ladrón, cambiando en hombre honesto; una mujer con un pasado de cinco esposos, encuentra el agua viva que cambia;
unos hombres toscos, pescadores ahora formaban la futura iglesia primitiva, pescando almas para el reino…
Escogen la muerte más indigna, la muerte de cruz y allí colgando en aquella cruz, con sus brazos abiertos, como abrazando a toda la humanidad, sus ojos elevados al cielo, llegó el momento siniestro donde todos los pecados de este mundo llevó sobre sus hombros. 
Su Padre…se apartó de él.
La luz del día se apartó de su rostro…y tinieblas cubrieron la tierra desde la hora sexta a la hora novena.
Tres horas de agonía, de soledad por parte de sus discípulos, su familia y su mismo Padre Eterno…
Allí en ese preciso momento,  por su mente cruzaba el rostro y el nombre de cada uno de nosotros…había valido la pena aquel sacrificio a cambio de salvar a la humanidad, a cambio de salvarte a ti y a mi. Es por eso que su Palabra dice,
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» Juan 3:16

Querido lector, en este día en que la tierra se oscureció tu estabas en el corazón de Dios. Es por eso que en este día te digo que si aún estas en el vicio, en el pecado, en la soledad, en enfermedad, hay esperanza para ti y se llama Jesucristo. Abre tu corazón e invitale a ser parte de tu vida y verás como tu vida cambia al igual que cambio la mía.

Mi todo para El

El título de esta reflexión nos habla de ese amor incondicional que cada uno de nosotros debe de tener hacia aquel quien nos dio la vida. Nos habla de cómo hoy en día el mundo ha descuidado ese primer amor por los afanes de esta tierra. Sí, estamos viviendo tiempos de gran apostasía, tiempos de gran tentación, tiempos de tibieza espiritual. Solamente aquel que mantenga su
primer amor ferviente podrá estar firme ante las adversidades que se avecinan.
En Apocalipsis 4 el Señor le habla a la Iglesia de Éfeso y luego de darle un reconocimiento y halagos por sus excelentes obras, su arduo trabajo, paciencia, su celo por aquellos que ministran la palabra, de pronto hace un alto y les exhorta, «pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor».
En otras palabras, Dios mira tu esfuerzo, tu trabajo, tu celo por la obra pero todo esto se desvanece ante el amor hacia nuestro amado Señor. Es por eso que Jesús le dice a María, la hermana de Lázaro que ella había escogido la mejor parte…estar a los pies del Maestro. Jesús no despreció los trabajos arduos de su hermana Marta…pero lo mejor de todo era estar a sus pies…en rendición y amor profundo.
A este maravilloso amor se le conoce en la Palabra de Dios como amor nupcial, siendo Jesús el novio «Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos?» Mateo 9:15  Habrán unas bodas del Cordero en las que tu y yo estamos invitados. La iglesia, la novia somos nosotros preparándonos para ese magno evento que se llevará acabo muy pronto.  Este amor nupcial no es una fantasía, es real, tangible y podemos alcanzarlo pues esta a nuestra disposición, no por nuestros méritos, no por el esfuerzo que hagamos para alcanzarlo sino porque El nos amo primero. El lo ha sembrado en nuestro corazón, proviene de El
Este amor es tan poderoso que llevó al Señor a sufrir para la redención el mundo. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» Juan 3:16  Es su amor el que rescata al hombre del pecado, es su amor el que cambia el corazón entenebrecido por un amor limpio y puro. Es su amor el que cambia vidas, individuos, familias…y te puede cambiar a ti.
Si quieres de este amor sublime, si al igual que yo quieres decir «Mi todo para El» hoy es el día aceptable. Inclina tu rostro donde estés y ora conmigo: «Padre, estoy delante de ti, reconociendo que soy un pecador y que sin ti nada soy, te pido perdón por mis pecados y escribe mi nombre en el libro de la vida. Quiero amarte con este amor incondicional, ven a mi vida…Amén»