Confía en mi!

diciembre 29

¡CONFÍA EN MÍ con cada fibra de tu ser! Lo que pueda lograr en y a través de ti es proporcional a cuánto dependas de mí. Un aspecto de esto es el grado de confianza que me tienes cuando se presenta una crisis o tienes que hacer una decisión especialmente grande. Algunas personas fallan lamentablemente en esto mientras otras enfrentan muy bien los tiempos difíciles. Otro aspecto es aun más contundente: la perseverancia de tu confianza en mí. La gente que confía en mí en medio de la adversidad tiende a olvidarme cuando la vida transcurre suavemente. Los tiempos difíciles pueden sacudirte para que estés consciente que me necesitas mientras que cuando la navegación es suave eso te puede inducir a caer en el letargo de la autosuficiencia.

Yo me preocupo tanto por tus pequeños pasos de confianza en la vida diaria como por tus dramáticos saltos de fe. Quizás pienses que nadie se da cuenta, pero yo, que siempre estoy a tu lado, me doy cuenta de cada cosa. Y me regocijo. Confiar, en forma consecuente, en mí es vital para prosperar en mi Presencia.

Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira.

—Salmo 40.4

Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?

—Salmo 56.3–4 (NVI)

Oh pueblo mío, confía en Dios en todo momento; dile lo que hay en tu corazón, porque él es nuestro refugio.

—Salmo 62.8 (NTV)

Él cuidará en perfecta paz a todos los que confían en él y cuyos pensamientos buscan a menudo al SEÑOR. Confíen siempre en el SEÑOR Dios, porque en el SEÑOR hay fortaleza eterna.

—Isaías 26.3-4 (NBD)

Jesus volverá!!

«Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.» Hechos 1: 11. Muchos están celebrando en este día la primera venida del Señor; volvamos nuestros pensamientos a la promesa de Su segunda venida. Esta es tan cierta como el primer advenimiento, y deriva de ella una gran medida de su certidumbre. Aquel que vino como un humilde hombre para servir, vendrá con seguridad para recibir la recompensa de Su servicio. Aquel que vino para sufrir no se demorará en venir para reinar. Esta es nuestra gloriosa esperanza, pues compartiremos Su gozo. Hoy nos encontramos en nuestra ocultación y humillación, de la misma manera que se encontró Él mientras estuvo aquí abajo; pero cuando Él venga, será nuestra manifestación al tiempo que será Su revelación. Los santos muertos vivirán en Su aparición. Los denigrados y los despreciados resplandecerán como el sol en el reino de Su Padre. Entonces los santos se mostrarán como reyes y sacerdotes, y los días de su lamentación habrán llegado a un término. El prolongado reposo y el esplendor inconcebible del reino del milenio serán una recompensa abundante para las épocas de testimonios y de guerras. ¡Oh, que el Señor venga! ¡Él viene! Él viene en camino y se aproxima rápidamente. ¡El sonido de Su llegada ha de ser como música para nuestros corazones! ¡Que tañan las campanas de la esperanza! La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

No te agobies!

diciembre 19

NO TE SIENTAS AGOBIADO por la confusión en tu vida: esa cantidad de pequeñas tareas por hacer en algún momento sin un orden determinado. Si dedicas demasiada atención a estas pequeñas cosas, tratando de quitártelas del camino vas a descubrir que son interminables y que te pueden consumir mucho más tiempo del que puedes dedicarles.

En lugar de tratar de hacer todo ese trabajo de una sola vez, escoge la que se requiere que atiendas hoy y las demás ponlas en el fondo de tu mente para que así yo pueda permanecer en el frente de tu conciencia. Recuerda que tu meta final es vivir cerca de mí y reaccionar a mis iniciativas. Podré comunicarme rápidamente contigo cuando tu mente esté despejada y haya regresado a concentrarse en mí. Busca mi rostro a lo largo de este día. Deja que mi Presencia traiga orden a tus pensamientos, poniendo paz en tu ser entero.

Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados.

—Proverbios 16.3

Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.

—Mateo 6.33 (NVI)

El deleite del Señor

Cuando los discípulos le dijeron a Jesús: “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1), era porque en realidad ellos querían aprender a orar de tal forma que le agradara. Así también, a muchos cristianos les encantaría ser fieles en la oración, pero no saben cómo. Debido a que ellos simplemente no comprenden el propósito vital de la oración, no mantienen una vida de oración significativa.

Muchos cristianos oran por obligación, pensando que es algo que se “debe” hacer. Otros oran solamente en tiempos de crisis o tragedia. Pero es importante entender que mientras que, por un lado, la oración es para nuestro propio beneficio, por otro lado, ¡también es para el deleite del Señor! Sin estos dos elementos, no tenemos el fundamento para edificar una vida de oración.

No solamente debemos interceder por las cosas que necesitamos, sino que debemos pedir por las cosas que Él desea. Y su deseo más profundo es pasar tiempo con nosotros, en intimidad y comunión.

“No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir…Mirad las aves del cielo…vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mateo 6:25-26).

“Porque…vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (6:32-33, énfasis añadido).

Dios nos está diciendo: “Cuando vengas a mi presencia, enfoca tu atención en pasar tiempo conmigo, en llegar a conocerme. No dejes que tu enfoque sea en cosas materiales. Yo sé cuáles son tus necesidades; y Yo me encargaré de todas ellas. ¡Sólo búscame y disfrutemos de una dulce comunión!”

El tipo de oración que más le agrada a Dios es muy simple y fácil de entender; es tan simple, de hecho, que un niño pequeño puede orar en una manera que le agrade a Él.

Por David Wilkerson

Una segunda oportunidad

“Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo.”

‭‭Jonás‬ ‭3:10‬ ‭RVR1960‬‬

http://bible.com/149/jon.3.10.rvr1960

Puede ser que te encuentres en medio del tumulto de la ciudad o en la quietud de la montaña, Su presencia será tu delicia y durante ese encuentro descubrirás que Su amor te brindará una nueva oportunidad.

Al igual que Jonás, descubrí que la presencia es mayor que las circunstancias. También aprendí que el corazón del hombre es el único muro que oscurece el resplandor de Su presencia. Pero también pude entender que para la dureza del alma, Dios tiene la medicina y es el quebrantamiento. Cuando estamos dispuestos a admitir nuestro error, la tibia presencia del Padre vuelve a revelarse en gracia hacia nosotros.

¿Quieres vivir más intensamente en la presencia de Dios? Entonces no rehúses ser confrontado con la verdad. ¿Anhelas subir a una dimensión más alta? Pues debes cruzar el estrecho puente que lleva al corazón a rendirse. ¿Estás quejándote de una “cárcel” de la quieres salir? ¿Por qué no escuchar Su tierna voz apuntando al secreto de tu corazón?

¿Estás huyendo a Tarsis? ¿Estás llorando porque no percibes a Dios? ¿No lo has oído? Está gritando en las olas y silbando en el viento. Su ojo te sigue y su alma te extraña. No te extrañes si de camino te sorprende Su Amor…

Jesus está contigo en toda circunstancia!

«Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.» Isaías 43: 2. No hay ningún puente: hemos de pasar por las aguas, y sentir el ímpetu de las corrientes. La presencia de Dios en toda inundación es mejor que cualquier trasbordador. Hemos de ser probados, pero saldremos triunfantes, pues el propio Jehová, que es más poderoso que las muchas aguas, estará con nosotros. Él podría parecer alejado de Su pueblo en otras circunstancias, pero de seguro estará con ellos en las dificultades y en los peligros. Las aflicciones de la vida podrían alzarse a una extraordinaria altura, pero el Señor estará a la altura de cualquier ocasión. Los enemigos de Dios podrían poner peligros de su propia hechura en nuestro camino, es decir, persecuciones y crueles mofas que son como un ardiente horno de fuego. ¿Qué pasa entonces? Pasaremos por los fuegos. Estando Dios con nosotros, no nos quemaremos; no, ni siquiera el olor del fuego se nos impregnará. ¡Oh, la maravillosa seguridad del peregrino nacido del cielo y destinado al cielo! Las muchas aguas no lo ahogarán, ni los fuegos lo quemarán. Tu presencia, oh Señor, es la protección de los santos frente a los múltiples peligros del camino. He aquí, en fe me entrego a Ti, y mi espíritu entra en el reposo. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

Que el enemigo no te intimide!

diciembre 3

QUE NO TE SORPRENDAN los violentos ataques en tu mente. Cuando te esfuerces por encontrarme y vivir en mi paz no te dejes desalentar. Estás en medio de una guerra generalizada, espiritualmente hablando. El maligno aborrece tu cercanía conmigo y sus huestes demoníacas están decididas a destruir nuestra intimidad. Cuando te encuentres en lo más recio de la batalla, clama, diciendo: «¡Jesús, ayúdame!» En ese mismo instante, la batalla pasará a ser mía. Tu función es, simplemente, confiar en mí mientras peleo por ti.

Mi nombre, usado apropiadamente, tiene un poder ilimitado para bendecir y proteger. Al final de los tiempos, todos se arrodillarán tanto en el cielo, como en la tierra, y debajo de la tierra. Personas que han usado el nombre «Jesús» como una palabra mágica de pacotilla se desplomarán de terror en aquel pavoroso día. Pero todos los que han vivido cerca de mí al pronunciar confiadamente mi nombre serán llenos de una gran alegría. Esta es tu gran esperanza mientras esperas mi retorno.

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

—Efesios 6.12

Todos los que están aquí reconocerán que el SEÑOR salva sin necesidad de espada ni de lanza. La batalla es del SEÑOR, y él los entregará a ustedes en nuestras manos.

—1 Samuel 17.47 (NVI)

Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra.

—Filipenses 2.9–10 (NTV)

Ustedes aman a Jesucristo a pesar de que no lo han visto; y aunque ahora no lo ven, creen en él y se llenan de una gran alegría, porque están obteniendo su salvación que es la meta de su fe.

—1 Pedro 1.8-9 (NBD)

Jesus, nuestro príncipe de paz

diciembre 2

YO SOY EL PRÍNCIPE DE PAZ. Como dije a mis discípulos te lo digo a ti: La paz sea contigo. Como soy tu compañía constante puedes contar con mi paz en forma permanente. Mientras mantengas tu concentración en mí podrás experimentar mi Presencia y mi paz. Adórame como Rey de reyes, Señor de señores y Príncipe de paz.

Para que mis planes se hagan realidad en tu vida, necesitas mi paz en todo momento. Es posible que a veces te sientas tentado a tomar un atajo para alcanzar la meta lo antes posible. Pero si eso requiere volverle las espaldas a mi Presencia pacificadora, deberás decidirte por la ruta regular, aunque te resulte más larga. Anda conmigo por los caminos de paz; disfruta tu caminar en mi Presencia.

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

—Isaías 9.6

Al atardecer de aquel primer día de la semana, estando reunidos los discípulos a puerta cerrada por temor a los judíos, entró Jesús y, poniéndose en medio de ellos, los saludó. -¡La paz sea con ustedes! Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Al ver al Señor, los discípulos se alegraron. -¡La paz sea con ustedes! -repitió Jesús-. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes.

—Juan 20.19–21 (NVI)

Muéstrame la senda correcta, oh SEÑOR; señálame el camino que debo seguir.

—Salmo 25.4 (NTV)

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.-Juan 14:27